El Real Decreto-ley 1/2019 introduce un cambio sustancial en las competencias regulatorias en lo que se refiere a la energía eléctrica. Como consecuencia del mismo, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) pasa ahora a ser responsable de aspectos clave como la metodología y los valores de peajes, los parámetros retributivos del transporte y la distribución o la remuneración anual de estas actividades y la metodología y condiciones de acceso y conexión.

Todo ello se va a llevar a cabo a través de las correspondientes circulares, hasta un total de 13 si sumamos las del sector del gas y de la electricidad, que deben aprobarse a lo largo de este año para entrar en funcionamiento el que viene. Pero, unido al reto de la actividad regulatoria, la legislación también prevé que se genere la coordinación necesaria con el Ministerio para la Transición Ecológica, encargado de establecer las orientaciones de política energética.

El calendario para lanzar estas circulares a consulta pública ya está fijado para los meses de mayo y junio. Mientras, por su parte, el Ministerio ya ha publicado sus orientaciones de política energética para que puedan ser tenidas en cuenta.

Por lo que el reto regulatorio es de calado y con absoluta trascendencia en aspectos clave en el proceso de transición energética como son los peajes que deben pagar los consumidores, las condiciones de acceso y conexión a las redes de distribución o la retribución de las mismas. Sin lugar a duda, la nueva normativa debe servir para poder avanzar decididamente hacia los objetivos de electrificación que permitirán cumplir con las reducciones de emisiones propuestas para 2030.

Esto es de especial relevancia en el caso de la actividad de distribución, encargada de facilitar la integración de una gran parte de las renovables, pero también de atender nuevos usos y servicios eléctricos como el autoconsumo, la movilidad eléctrica, la generación distribuida o el papel más activo del consumidor. Y, todo ello, en un entorno más digitalizado para ofrecer más información a todos los agentes en su interlocución con el distribuidor y que así puedan optimizar sus decisiones de consumo, producción, almacenamiento y ahorro de energía.

Red de distribución actual

A día de hoy contamos con una red de distribución muy eficiente, con una retribución inferior a la de 2010 que es algo que sucede en pocas actividades de la economía. Como consecuencia, el coste para el cliente se encuentra entre los más bajos de Europa, pero ofreciendo una mejora continua en la calidad del suministro, dando entrada a más de 60.000 instalaciones de renovables y atendiendo ya a más de 28 millones de clientes, sin dejar de avanzar en el desarrollo de la red inteligente. Esto, a su vez, permite que empresas industriales españolas aumenten su presencia internacional con el consiguiente efecto positivo para el empleo y la economía en su conjunto.

Sin embargo, el reto aumenta a futuro. Más de 55.000 MW de nueva capacidad renovable, más de 1 millón de instalaciones de autoconsumo, 5 millones de vehículos eléctricos y 6.000 MW de almacenamiento requieren una inversión de más de 25.000 millones por parte de las empresas en distribución en la próxima década de acuerdo con recientes estudios realizados. De ahí la importancia que tiene la regulación que se está desarrollando en estos momentos.

Retos regulatorios

La experiencia acumulada hasta la fecha hace que el regulador cuente ya con herramientas que han permitido perfeccionar el modelo retributivo, realizando además la necesaria labor de supervisión. Se requieren algunos cambios para avanzar e introducir ajustes en aquellos aspectos susceptibles de mejora que afloran ahora que finaliza el primer periodo regulatorio; todos ellos encaminados a facilitar el continuo proceso de envío de información y validación de la misma que conduce a la aprobación final de la retribución en un plazo adecuado. Sin duda, este es uno de los grandes retos regulatorios.

Esto permitirá incidir de manera positiva sobre la certidumbre y favorecer la estabilidad regulatoria y retributiva, siempre tan demandadas por las empresas para afrontar la inversión exigida. Cambios regulatorios o retributivos sustanciales no suelen ser bien acogidos por la incertidumbre que trasladan sobre la sostenibilidad de la actividad. A partir de ahí, se deben sentar las bases para continuar mejorando el modelo regulatorio y esto se puede lograr aumentando la interlocución entre los agentes y el regulador a través de un proceso abierto, continuo y transparente que permita aclarar dudas. Por lo que esta proactividad es también un elemento de peso en la buena regulación.

La inversión en redes de distribución debe ser incentivada

Por tanto, la prioridad que supone la inversión en las redes de distribución en los próximos años debe venir apoyada por una regulación que la incentive a través de señales adecuadas en la retribución; pero, también debe consolidarse mediante el uso de procesos más ágiles y sencillos, apoyados en un continuo diálogo.

Como siempre, los retos regulatorios son elevados. Y, como siempre, las claves pasan por introducir los incentivos necesarios para que, partiendo de la situación actual, se alcancen los objetivos fijados de forma satisfactoria. Por supuesto, la CNMC tiene medios y recursos para afrontar con éxito este nuevo rol, lo que le convierte en un aliado clave de la transición energética y, por tanto, protagonista necesario en todo este proceso.

Publicado en: Energynews